“Caminando por fe hacia la tierra asignada”

De un encuentro con Cristo a una asignación internacional.

En septiembre de 2006, Fernando Brandan y Romina Toledo conocieron a Cristo en Bolivia, en un tiempo en que él se desempeñaba como futbolista profesional. En ese entonces eran novios y convivían juntos. Ese encuentro marcó un antes y un después en sus vidas. Apenas un mes más tarde, en octubre, Fernando recibió una dirección clara de parte de Dios: debían casarse. En obediencia a esa palabra, en diciembre de ese mismo año contrajeron matrimonio, iniciando una nueva etapa centrada en la fe.

Desde entonces comenzaron a caminar en Cristo mientras recorrían distintas ciudades y países a causa del fútbol. Durante esos primeros años avanzaron sin una dirección ministerial clara y con poca revelación acerca del propósito de Dios. No formaban parte de un ministerio específico, y reconocen que muchas veces su caminar fue más religioso que revelacional. Sin embargo, había en su corazón un amor profundo e inexplicable por el Señor Jesucristo y una firme convicción de compartirlo.

En cada lugar donde se establecían buscaban una iglesia local para congregarse. Sentían la necesidad constante de hablar de Cristo, principalmente a través de reuniones en casas. Aunque aún no comprendían plenamente la dimensión del Reino ni contaban con una guía clara, la determinación de anunciar a Jesús se mantenía intacta.

Un llamado que transformó sus vidas

En 2011 se produjo una conexión clave en su proceso: conocieron a los pastores Damián Felicia y Lorena Luque, quienes más adelante serían una referencia importante en sus vidas. Un año después, en 2012, asistieron a su primera Convención en Buenos Aires, encuentro que representó un punto de inflexión. Allí conocieron por primera vez a Lucas Márquez y experimentaron una profunda revelación de Cristo y del Reino, que transformó su entendimiento y direccionó su caminar.

Guiados por el Espíritu Santo, decidieron avanzar bajo la cobertura espiritual de los pastores Damián y Lorena, integrándose y formando parte del ministerio de Deportistas de Cristo. A partir de ese momento comenzaron a desarrollar su liderazgo con mayor claridad, fe y alineamiento. Desde entonces su caminar dejó de ser improvisado y comenzó a tomar forma dentro de una visión más definida del Reino de Dios.

Una asignación internacional

En 2020 recibieron una palabra profética que los impulsaba a trasladarse a Grecia. Con una fuerte convicción, decidieron avanzar nuevamente por fe y se establecieron en la ciudad de Patras junto con sus tres hijos, donde han residido durante los últimos cinco años.

Desde su llegada no han dejado de compartir a Cristo, desarrollando iglesias en casas en Argentina y también en otros lugares, manteniendo la esencia que los acompañó desde los primeros años de fe. Esta labor se extiende a personas de distintas nacionalidades: argentinos, griegos, venezolanos que viven en Grecia y también una familia española que actualmente reside en Alemania.

Debido a que muchos se encuentran dispersos en diferentes ciudades, procuran visitarlos de manera presencial siempre que es posible. Además, sostienen encuentros virtuales semanales para fortalecer la comunión, la enseñanza y el discipulado.

Su enfoque no se limita a reuniones formales, sino que está orientado a formar y acompañar personas en su crecimiento espiritual, promoviendo una vida centrada en Cristo y en la expansión del Reino. Asumen con responsabilidad el llamado de guiar y servir a quienes caminan a su lado.

En este 2026 afirman estar comenzando a ver “cielos abiertos” en la tierra donde han sido asignados. Con expectativas renovadas, continúan avanzando en la extensión del Reino en Grecia, convencidos de que cada etapa de su proceso ha sido parte del diseño de Dios para su asignación actual.

A casi dos décadas de aquel primer encuentro con Cristo en Bolivia, Fernando y Romina siguen caminando por fe. Su historia refleja una constante: la determinación de compartir a Cristo en cada lugar donde Dios los ha llevado, ahora con una mayor claridad de propósito y con la convicción de estar establecidos en la tierra de su asignación.

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“Restaurados para servir”