“Restaurados para servir”
Un matrimonio restaurado que abrió su hogar a Cristo.
Carla Villareal y Maximiliano Bustos son un matrimonio de la ciudad de Córdoba que jamás imaginó que una crisis matrimonial terminaría convirtiéndose en el punto de partida de un llamado pastoral que hoy transforma vidas, especialmente dentro de la fuerza policial. Ambos, de profesión policías, llevan diez años de casados y son padres de dos hijas.
Hace cinco años, luego de innumerables discusiones y de haber intentado todo tipo de ayudas —psicólogos, terapias alternativas, procesos holísticos y coaching— llegaron a firmar el divorcio en un estudio de abogados, convencidos de que no había marcha atrás.
En medio de ese quebranto, unos amigos les hablaron de Cristo. Ese día, sus corazones fueron tocados profundamente y decidieron intentarlo una vez más como matrimonio, aunque el divorcio ya estaba en proceso avanzado. Al comunicarse con la abogada para conocer los pasos finales, recibieron una noticia inesperada: el trámite nunca había sido presentado ante el juez, por lo que legalmente seguían casados. Para ellos, ese fue el primer milagro que confirmó que Dios estaba interviniendo en su historia.
UN HOGAR RESTAURADO
Desde ese momento, el matrimonio comenzó a caminar firmemente en la fe. Poco tiempo después se involucraron activamente en el ministerio Deportistas de Cristo, y al mismo tiempo sintieron el deseo de abrir su casa para recibir familias que viajaban desde lejos para congregarse en la iglesia local. Con el correr de los meses, su hogar se transformó en un espacio de refugio, comunión y crecimiento espiritual.
Las reuniones de casa iglesia comenzaron allí mismo, con el acompañamiento constante de los pastores Damián Felicia y Lorena Luque, quienes semana a semana edificaban sus vidas y las de muchas personas que se acercaban al ver los cambios reales que Cristo había producido en la familia Bustos.
Al año de haber conocido al Señor, ellos comenzaron a compartir la Palabra con otros. En poco tiempo, las casas iglesias se multiplicaron, llegando a reunirse prácticamente todos los días con diferentes grupos y familias. Dios fue añadiendo personas para ser guiadas y discipuladas, consolidando una obra viva y en constante crecimiento.
En la convención de diciembre de 2025 de Deportistas de fe, de manera totalmente inesperada para ellos, fueron presentados como pastores. Aquella noche marcó un antes y un después, confirmando públicamente lo que ya vivían en la práctica.
La casa iglesia de policías: fe que se multiplica en uniforme
Uno de los frutos más impactantes se dio dentro de su propio ámbito laboral. Tras recibir a Cristo, los cambios en su familia fueron inmediatos: paz en el hogar, restauración matrimonial, orden en la economía y un milagro que conmovió a todos, cuando su hija mayor fue completamente sanada de un diagnóstico de tartamudez irreversible.
Compañeros de trabajo comenzaron a notar la transformación y a preguntar por el Cristo que había cambiado sus vidas. Poco a poco, varios policías y sus familias se fueron sumando a las reuniones en su casa. Dios comenzó a obrar con poder, trayendo restauración total a muchas vidas.
Así nació una casa iglesia compuesta en gran parte por policías y sus familias, a la que con cariño llaman “la Poliglesia”. Una casa iglesia formada en gran parte por policías que encontraron en Cristo una nueva manera de vivir, amar y servir.
Hoy, los pastores no manejan una agenda rígida. Recorren hogares, se reúnen con familias, matrimonios y personas de manera individual, llevando la Palabra del Padre y compartiendo la vida de Cristo de forma cercana y real. Su historia es testimonio de que Dios puede transformar una crisis en un llamado, y un hogar restaurado en una fuente de esperanza para muchos.

